El bebé muerde el pecho: los dientes, la lactancia y cómo reaccionar

El bebé muerde el pecho: los dientes, la lactancia y cómo reaccionar

Maman & Bébé Nature sept. 9, 2026 La lactancia materna 0 Comments
Lactancia y dientes

El primer mordisco siempre sorprende y duele. Suele producirse entre los 4 y los 8 meses, cuando las encías están en plena actividad y el bebé descubre que puede apretar. Muchas madres se preguntan entonces si la lactancia está llegando a su fin, si han hecho algo mal o si los dientes y el pecho son simplemente incompatibles. Ninguna de estas tres ideas es cierta. Un bebé que se agarra correctamente al pecho no puede morder; el mordisco casi siempre tiene una causa identificable y desaparece en unos días si se sabe cómo reaccionar.

El bebé muerde el pecho: por qué ocurre y cómo evitarlo

Un bebé que mama activamente no puede morder: su lengua cubre la encía inferior y el pezón se encuentra muy atrás en la boca. Por lo tanto, la mordedura se produce cuando ya no está mamando, sobre todo al final de la toma, cuando el flujo de leche disminuye, o cuando está distraído, o durante la dentición, que le lleva a aliviarse las encías. Esto no significa ni el fin de la lactancia ni un rechazo del pecho.

La reacción adecuada consiste en tres pasos: mantener la calma en la medida de lo posible, interrumpir la succión deslizando un dedo por la comisura de la boca o acercando al bebé al pecho para que lo abra, y luego interrumpir brevemente la toma con un «no» dicho con firmeza. Un grito fuerte puede asustar al bebé hasta el punto de que rechace el pecho durante varios días. Como medida preventiva, se le ofrece un anillo de dentición frío antes de la toma, se limitan las distracciones y se retira al bebé en cuanto cesa la succión. La mayoría de los episodios de mordeduras desaparecen en pocos días con este método.

Puntos clave

Morder y succionar son acciones anatómicamente incompatibles: el bebé muerde cuando ya no succiona, nunca mientras lo hace.

Las causas más frecuentes son el final de la toma, la dentición, la distracción y la congestión nasal.

Mantener la calma e interrumpir la toma es más eficaz que gritar, ya que esto puede provocar que el bebé se niegue a mamar.

La aparición de los dientes no es motivo para dejar de dar el pecho: muchos bebés siguen tomando el pecho durante varios meses incluso cuando ya tienen la dentición completa.

Una herida causada por una mordedura se trata con unos sencillos pasos; hay que acudir al médico si se infecta o no se cura.

¿Por qué un bebé que está mamando no puede morder ?

Entender la mecánica de la succión lo cambia todo. Cuando el bebé succiona de forma eficaz, el pezón es succionado hacia el interior de la boca, hasta la unión entre el paladar duro y el paladar blando, y la lengua se adelanta por encima de la encía inferior para presionar el pecho con movimientos ondulantes. En esta posición, las encías —y más adelante los dientes— no pueden cerrarse sobre el pezón: la lengua actúa como barrera. Por eso, una madre no nota los dientes durante una toma correcta, ni siquiera cuando al bebé ya le han salido cuatro incisivos.

Para morder, el bebé primero debe retraer la lengua y llevar el pezón hacia la parte delantera de la boca. En otras palabras, debe haber dejado de mamar. Por lo tanto, el mordisco no es un accidente que se produce en mitad de la toma: es una señal de que la toma ha terminado o de que ha sido interrumpida por algo más. Esta clave permite detectar las situaciones de riesgo y actuar antes de que los dientes se cierren.

También explica por qué los mordiscos se concentran en determinados momentos: al final de la toma, cuando el flujo disminuye y el bebé se duerme o se entretiene; las tomas en las que está distraído, cuando un ruido o un hermano que pasa le hace girar la cabeza sin soltar el pecho; y los periodos de dentición, cuando la presión sobre las encías le alivia y busca morder todo lo que tiene a su alcance.

Fin de la toma

El flujo se ralentiza, el bebé ha terminado y está jugando. Se retira en cuanto deja de succionar, sin esperar.

Erupción dental

Le pican las encías. Un anillo frío antes de la toma le quita las ganas de morder.

Distracción

Gira la cabeza sin soltar el pecho. Se mama con calma, en una habitación tranquila, manteniendo el contacto visual.

Congestión nasal

No puede respirar mientras mama y suelta el pecho al apretarlo. Un lavado nasal antes de cada toma soluciona el problema.

Las causas más frecuentes de las mordeduras y cómo prevenirlas

La primera causa es el final de la toma. El bebé ha tomado lo que quería, el flujo ha disminuido y se queda en el pecho por placer o porque se está quedando dormido. Es en ese momento cuando retrae la lengua y las encías se acercan. La prevención es sencilla: observar el ritmo de succión y retirar al bebé en cuanto los movimientos de deglución se espacien notablemente, en lugar de dejar que se quede dormido en el pecho. Se le puede ofrecer el otro pecho si parece que todavía tiene hambre, o simplemente dar por terminada la toma.

La segunda causa es la dentición. Entre los 4 y los 8 meses, que es cuando suele ocurrir con mayor frecuencia, las encías se inflaman y la presión les alivia: el bebé muerde todo, incluido el pecho. Ofrecerle un anillo de dentición que se haya metido en la nevera justo antes de la toma, o masajearle suavemente las encías con un dedo limpio, calma las ganas de morder incluso antes de que empiece. Para reconocer los signos de la dentición y saber cómo aliviar al bebé, nuestro artículo sobre la dentición explica en detalle qué es lo que realmente funciona.

La tercera causa es la distracción, muy frecuente alrededor de los 5-6 meses, cuando el bebé se interesa por todo lo que le rodea. Gira la cabeza para mirar sin soltar el pezón, y las encías se cierran al hacerlo. Dar el pecho en un lugar tranquilo, lejos de la televisión y de los hermanos, con un collar de lactancia o con la mirada de la madre para captar su atención, reduce notablemente los incidentes. Por último, una nariz taponada impide que el bebé respire mientras mama: suelta bruscamente el pezón apretándolo. Un lavado nasal con suero fisiológico antes de la toma suele bastar para que desaparezcan los mordiscos que se creían relacionados con la dentición.

¿Y si el bebé muerde por jugar ?

Esto ocurre, sobre todo a partir de los 8-9 meses, cuando el bebé ha comprendido que morder provoca una reacción. Lo prueba, espera a ver si te sobresaltas, a veces riendo. No es malicia, es un experimento de causa y efecto. La respuesta es la misma que para las demás causas, con una constancia especial: cada mordisco interrumpe la toma, con calma, sin excepción, y el bebé comprende en pocos días que morder significa el fin de la teta.

¿Cómo reaccionar en ese momento ?

La primera reacción es tirar del bebé hacia atrás, y eso es lo peor: el pezón, atrapado entre las encías, se estira y se produce una lesión aún mayor. Hay dos técnicas que permiten liberar el pecho sin causar daños. La primera consiste en deslizar un dedo limpio por la comisura de la boca del bebé, entre las encías, para romper la succión y abrir suavemente la mandíbula. La segunda, más sorprendente, consiste en acercar al bebé al pecho en lugar de alejarlo: con la nariz contra el pecho, abre la boca para respirar y suelta el pezón. A muchas madres les resulta más rápida la segunda técnica, sobre todo con un bebé que succiona con fuerza.

A continuación viene la reacción emocional, y esta es más importante de lo que se cree. Un grito de dolor es natural, pero un grito fuerte o un sobresalto brusco pueden asustar al bebé hasta el punto de que rechace el pecho durante varios días, lo que se conoce como «huelga de lactancia». En la medida de lo posible, hay que respirar hondo, apartar al bebé, dejarlo en el suelo o dárselo a otra persona unos instantes, y decirle «no, eso duele» con voz tranquila y firme. El bebé no necesita que se le castigue: necesita una señal clara y repetida.

La interrupción de la toma es esa señal. Tras un mordisco, se interrumpe la toma durante uno o dos minutos, sin enfadarse, y luego se reanuda si el bebé lo pide. Si se repite esta secuencia cada vez que muerda, en pocos días aprenderá que morder hace que desaparezca el pecho, y que succionar hace que se quede. Es el método de aprendizaje más eficaz que se conoce, mucho más que los regaños o las sorpresas.

Cómo tratar un pezón lesionado por una mordedura

Una mordedura puede dejar una marca roja, un pequeño corte o una grieta. La mayoría se cura en unos días con unos cuidados sencillos: después de dar el pecho, untar unas gotas de leche materna en el pezón y dejar que se seque al aire, aplicar lanolina pura o un bálsamo para la lactancia apto para el amamantamiento, evitar los jabones que resecan la piel y cambiar a menudo los discos absorbentes para mantener la zona seca. Los discos de algodón lavables o los de bambú, más suaves y transpirables que los desechables plastificados, reducen la fricción sobre la piel sensible.

Durante la cicatrización, se puede empezar a dar el pecho por el que menos duela, cuando la succión es más fuerte, y variar las posiciones para que la presión no se ejerza siempre en el mismo lugar. Si el dolor impide dar el pecho por un lado, extraerse la leche de ese pecho durante uno o dos días protege la lactancia mientras la piel se recupera.

Hay algunos síntomas que justifican acudir al médico sin demora: una llaga que no se cura en una semana, un enrojecimiento caliente que se extiende, secreción, fiebre o dolor que persiste entre las tomas. Una grieta infectada o una mastitis se tratan con mayor facilidad cuanto antes se detecten. Una asesora en lactancia o una comadrona también podrá comprobar cómo se agarra el bebé al pecho, ya que las mordeduras repetidas a veces ocultan un agarre que se ha deteriorado con el tiempo.

¿Hay que dejar de dar el pecho cuando salen los dientes ?

No, y ese es probablemente el mensaje más importante de este artículo. La idea de que los dientes ponen fin a la lactancia materna es una creencia arraigada, pero sin fundamento. Millones de madres amamantan a bebés que ya tienen dientes, a menudo hasta los dos años o más, sin que les muerdan. Los dientes no intervienen en la succión: es la lengua la que trabaja, y los dientes permanecen apartados mientras el bebé succiona.

Los episodios de mordiscos son casi siempre transitorios, están relacionados con la dentición o con una fase de exploración, y desaparecen en un plazo de unos días a unas semanas si se les da una respuesta coherente. La decisión de dejar de dar el pecho sigue siendo una elección personal, legítima en cualquier momento, pero debe tomarse por buenas razones, y no como consecuencia de un mordisco. Si la situación se vuelve agotadora, una cita con una asesora en lactancia suele permitir resolverla en una sola sesión.

Lista de comprobación para evitar las picaduras

Ofrecer un anillo de dentición frío antes de la toma cuando al niño le están saliendo los dientes

Lavar la nariz del bebé si tiene la nariz tapada, para que pueda respirar mientras mama

Dale el pecho en un lugar tranquilo, manteniendo el contacto visual

Retira al bebé en cuanto la succión se ralentice, antes de que se quede dormido o empiece a jugar

En caso de mordedura: pon el dedo en la comisura de la boca o acerca al bebé al pecho; nunca lo tires hacia atrás.

Un «no» tranquilo, interrumpiendo la toma durante uno o dos minutos, cada vez

Cuidar el pezón con leche materna, lanolina y discos de lactancia limpios y secos

Preguntas frecuentes

¿A qué edad empieza un bebé a morder el pecho ?

Normalmente entre los 4 y los 8 meses, cuando le salen los primeros dientes y el bebé descubre que puede morder. Algunos muerden incluso antes de que les salgan los dientes, con las encías, y otros nunca muerden.

El bebé rechaza el pecho desde que grité: ¿qué puedo hacer ?

Se trata de un rechazo al pecho, una reacción frecuente tras un susto. Por lo general, se resuelve en unos días: ofrece el pecho sin insistir, con tranquilidad, a menudo al despertarse o cuando está somnolienta, aumenta el contacto piel con piel y extrae leche entretanto para mantener la lactancia.

¿Se puede seguir dando el pecho si se tiene un pezón lesionado ?

Sí, en la mayoría de los casos, empezando por el pecho que menos duele y variando las posiciones. Si el dolor es demasiado intenso, extraerse leche del lado afectado durante uno o dos días ayuda a mantener la producción mientras se cura la lesión.

¿Significan los mordiscos que el bebé quiere dejar de mamar ?

No. Indican que la toma está llegando a su fin, que le están saliendo los dientes, que está distraído o que tiene la nariz tapada, pero nunca que quiera dejar de mamar. Si se les da una respuesta coherente, desaparecen en unos días y la lactancia continúa con normalidad.

La última palabra

Una mordedura en el pecho duele, sorprende y preocupa, pero no supone ningún problema. El bebé muerde cuando deja de mamar, por una razón casi siempre identificable, y aprende rápidamente que al morder el pecho desaparece. Por lo general, bastan unos días de constancia para que las tomas vuelvan a ser tranquilas, haya dientes o no.

En Maman et Bébé Nature creemos que una lactancia bien acompañada supera todas las etapas, incluida la de la dentición. Un anillo de dentición, un poco de lanolina, unas almohadillas suaves y mucha tranquilidad: a menudo es todo lo que hace falta.

Este artículo tiene carácter informativo y no sustituye el asesoramiento de una asesora en lactancia, una comadrona o un médico. En caso de que la llaga del pezón no se cure, de que el enrojecimiento se extienda, de que haya fiebre o de que persista el dolor entre las tomas, acuda al médico lo antes posible.

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