De dos siestas a una: cuándo y cómo hacer la transición

De dos siestas a una: cuándo y cómo hacer la transición

Maman & Bébé Nature sept. 13, 2026 Dormir 0 Comments
El sueño y los ritmos del bebé

Durante meses, el día se organizaba en torno a dos siestas bien establecidas, una por la mañana y otra por la tarde. Pero un día, la siesta de la mañana se alarga y retrasa la de la tarde, o el bebé rechaza una de las dos mientras juega en su cuna, o la hora de acostarse por la noche se convierte en una batalla. Es la señal de que se acerca la transición a una sola siesta. Suele producirse entre los 12 y los 18 meses, dura unas semanas y se lleva mucho mejor si se hace de forma gradual, en lugar de eliminar una siesta de la noche a la mañana.

Pasar de dos siestas a una: los puntos de referencia para evitar los falsos comienzos

La transición de dos siestas a una sola suele producirse entre los 12 y los 18 meses, con una media de entre los 14 y los 16 meses. Rara vez está justificada antes de los 12 meses, aunque el bebé rechace alguna siesta de vez en cuando. Las señales fiables son una siesta matutina que se alarga y retrasa la de la tarde, el rechazo habitual a la siesta durante al menos dos semanas, dificultades para conciliar el sueño por la noche y un niño que aguanta bien el día cuando solo ha dormido una vez.

El método más suave consiste en retrasar la siesta de la mañana en intervalos de entre 15 y 30 minutos cada dos o tres días, hasta estabilizarla entre las 12:00 y las 13:00, justo después de comer. Durante las semanas de transición, se adelanta la hora de acostarse por la noche entre 30 y 60 minutos para compensar el cansancio, y se alternan días con dos siestas con días en los que solo hay una. La siesta única dura entonces entre una hora y media y tres horas, y el ritmo se estabiliza en un plazo de dos a seis semanas.

Puntos clave

Que se niegue a dormir la siesta una vez no es una señal: hay que esperar dos semanas a que se repitan los indicios antes de cambiar el ritmo.

No se elimina la siesta, sino que se retrasa: la siesta de la mañana se va desplazando poco a poco hacia después de comer.

Acostarse temprano es la clave para la transición: alivia el cansancio de unos días demasiado largos.

Los días con horarios variados —dos siestas un día y una al siguiente— son normales durante varias semanas.

En la guardería suelen adelantar la única siesta; en casa, se pueden mantener dos siestas los fines de semana hasta que el niño esté listo.

¿Por qué y cuándo se produce la transición ?

La necesidad de dormir durante el día disminuye con la edad y, sobre todo, la capacidad para permanecer despierto se alarga. Hacia los 6 meses, un bebé aguanta unas dos o tres horas entre dos períodos de sueño; hacia los 12 meses, de tres a cuatro horas; hacia los 15-18 meses, de cuatro a cinco horas, a veces más. Es precisamente este aumento de los periodos de vigilia lo que hace que cada vez sea más difícil encajar la segunda siesta: el bebé, sencillamente, no está lo suficientemente cansado a la hora prevista, o bien duerme tan tarde por la tarde que el sueño nocturno se ve afectado.

El momento en que se produce esta transición varía mucho de un niño a otro. La transición suele producirse entre los 12 y los 18 meses, con una media de entre 14 y 16 meses, pero algunos niños pasan a una sola siesta ya a los 11-12 meses y otros mantienen dos siestas hasta los 18-20 meses sin dificultad. No hay una edad ideal, solo hay señales que indican que es el momento adecuado. Antes de los 12 meses, el rechazo a la siesta suele corresponder casi siempre a una etapa pasajera, como la dentición, el aprendizaje motor o un resfriado, y no a un cambio real en las necesidades del niño.

Para saber qué beneficios sigue aportando la siesta a esta edad y por qué no hay que eliminarla demasiado pronto, nuestro artículo sobre Los beneficios de la siesta para el bebé recuerda su papel en la memoria, el estado de ánimo y el crecimiento.

Siesta matutina demasiado larga

Se alarga hasta la 1:30 o las 2:00 y retrasa la segunda siesta hasta el final de la tarde.

Una siesta rechazada

El bebé juega o balbucea en su cuna sin dormirse, de forma habitual, durante al menos dos semanas.

Un atardecer que se va oscureciendo

Por las noches, me cuesta conciliar el sueño o tardo en hacerlo, cuando antes me resultaba muy fácil.

Días en los que la siesta ha salido bien

Los días en los que solo ha dormido una vez, el bebé se mantiene de buen humor hasta la noche.

Las señales de que el bebé está preparado y aquellas que pueden llevar a error

Hay cuatro indicios que coinciden y que apuntan a una verdadera transición. La siesta de la mañana se alarga, hasta convertirse en la siesta principal, y retrasa o hace que se salte la de la tarde. El bebé rechaza una de las dos siestas de forma habitual, no de vez en cuando, sino la mayoría de los días durante al menos dos semanas. La hora de acostarse por la noche se complica, ya que el bebé tarda más en conciliar el sueño o se acuesta más tarde, porque la segunda siesta invade la noche. Y, sobre todo, los días en los que el bebé solo ha hecho una siesta, aguanta todo el día sin derrumbarse a última hora de la tarde.

Hay otros indicios que pueden llevar a error. El hecho de que el niño se niegue a dormir la siesta durante la dentición, un resfriado o cuando está aprendiendo a andar es algo temporal: el ritmo se restablece por sí solo en una o dos semanas. Un niño que se niega a dormir la siesta pero se queda frito a las 16:00 h, se duerme en el coche o se pone irritable al final del día no está preparado: le falta sueño, y la solución es mantener las dos siestas, no eliminar una. Un cambio en el modo de cuidado, una mudanza o la llegada de un hermanito también alteran las siestas sin que la necesidad haya cambiado.

La regla más útil: no cambiar nada hasta que haya habido dos semanas de señales regulares, y tener en cuenta todo el día en su conjunto, en lugar de fijarse solo en la siesta. A un niño que está preparado para una sola siesta le va bien con una sola siesta. Un niño que no está preparado lo demuestra con su estado de ánimo, no con sus rechazos.

¿Cómo gestionar la transición de forma fluida ?

El método que mejor funciona no elimina nada: simplemente cambia el horario. Se parte del horario habitual de la siesta de la mañana, que suele ser sobre las 9:30 o las 10:00, y se retrasa entre 15 y 30 minutos cada dos o tres días. Mientras tanto, se mantiene al bebé ocupado de forma activa a última hora de la mañana, con una salida, un baño o un juego en el suelo, para ayudarle a aguantar. De este modo, la siesta se va desplazando progresivamente hacia las 11:00, luego a las 11:30, luego a las 12:00, hasta situarse justo después de la comida, entre las 12:00 y las 13:00. Este cambio suele llevar entre dos y tres semanas.

Al principio, la siesta tardía suele ser corta, de una hora o un poco más, porque el bebé aún no ha aprendido a dormir mucho tiempo de una sola vez. Ahí es donde entra en juego la clave de la transición: acostarlo antes. Los días en los que solo hay una siesta, adelantamos la hora de acostarse por la noche entre 30 y 60 minutos, a veces hasta las 18:00 o las 18:30, para compensar el cansancio acumulado. Este adelanto es temporal: en unas semanas, la siesta se alarga hasta una hora y media o dos horas, y la hora de acostarse vuelve a su horario habitual.

Es normal, durante este periodo, alternar días con una siesta y días con dos. Tras una noche difícil o una mañana muy ajetreada, se mantienen dos siestas cortas; al día siguiente, se vuelve al ritmo de una sola siesta. Esta flexibilidad evita el déficit de sueño y tranquiliza a los padres que temen «fallar» en la transición. No se puede fallar, se hace a su propio ritmo, en un plazo de dos a seis semanas, dependiendo de cada niño.

La comida temprana, aliada discreta de la siesta única

Una siesta a las 12:00 h supone almorzar sobre las 11:15 o las 11:30 h durante las primeras semanas; de lo contrario, el bebé se queda dormido en la mesa. Adelantar la comida, aunque sea añadiendo una pequeña merienda a última hora de la mañana, permite acostar al niño saciado y tranquilo. A medida que la siesta se va retrasando hasta las 12:30 o las 13:00, la comida vuelve a su horario habitual.

¿Cómo es un día en el que solo se hace una siesta ?

Una vez realizada la transición, la jornada se estructura en torno a dos grandes franjas de vigilia. Por la mañana, entre cuatro y cinco horas desde que se levanta hasta la siesta: si se levanta a las 7:00, la siesta suele ser sobre las 12:00 o las 12:30. La siesta dura entre una hora y media y tres horas, y el niño se despierta sobre las 14:00 o las 15:00. Por la tarde, tras cuatro o cinco horas de actividad, se acuesta entre las 19:00 y las 19:30. En un periodo de 24 horas, un niño de entre 1 y 2 años duerme una media de entre 11 y 14 horas, incluida la siesta.

Estas pautas se deben interpretar con flexibilidad. Una siesta que se prolongue más allá de las 15:30 o las 16:00 puede retrasar la hora de acostarse: en ese caso, es mejor despertar al niño poco a poco, aunque eso implique adelantar la cena. Por el contrario, una siesta que se acorta a 45 minutos implica acostarse más temprano esa misma noche. El ritual para irse a dormir, por su parte, sigue siendo el mismo tanto por la mañana como por la noche: unos minutos de tranquilidad, la habitación en penumbra, los mismos gestos, para que la siesta única se identifique con la misma facilidad que la noche.

Guardería, niñera, fin de semana: adaptarse a los ritmos impuestos

Muchas guarderías pasan a los niños a la siesta única después de comer a partir de la sección de los medianos, a veces hacia los 12-14 meses, antes de que todos estén preparados. Se trata de una imposición organizativa, no de una señal de necesidad. Si tu hijo llega a casa agotado, la solución es doble: acostarlo bastante más temprano las noches en que va a la guardería y mantener dos siestas en casa los fines de semana mientras las necesite. Los niños pequeños se adaptan bien a ritmos diferentes según el lugar, siempre y cuando cada uno sea coherente.

En el caso de una cuidadora infantil, la flexibilidad suele ser mayor: no dudes en explicarle la transición que se está produciendo y acordar juntos el horario previsto. Por último, si la transición coincide con el inicio del curso, una mudanza o una enfermedad, es mejor interrumpirla y retomarla cuando la rutina diaria se haya estabilizado: siempre es mejor afrontar un cambio a la vez que dos.

Lista de comprobación para la transición a la siesta

Esperar al menos dos semanas a que las señales sean regulares antes de cambiar el ritmo

Asegurarse de que el bebé siga de buen humor los días en los que solo duerme una siesta

Aplazar la siesta de la mañana entre 15 y 30 minutos cada dos o tres días

Adelantar la hora de la comida a las 11:15, para que la siesta se ajuste después de comer

Adelantar la hora de acostarse entre 30 y 60 minutos los días en que se duerme la siesta

Aceptar los días en los que hay que hacer dos siestas tras una noche difícil

Mantener el mismo ritual tanto para la siesta como para la noche

Preguntas frecuentes

¿A qué edad empieza el bebé a hacer solo una siesta ?

Lo más habitual es que sea entre los 12 y los 18 meses, con una media de entre 14 y 16 meses. Algunos niños están preparados hacia los 12 meses, mientras que otros siguen haciendo dos siestas hasta los 18-20 meses. Son las señales, y no la edad, las que marcan la diferencia.

¿Cuánto tiempo dura la transición ?

Entre dos y seis semanas, por lo general, con días en los que se alternan una o dos siestas. El ritmo se estabiliza cuando la única siesta dura al menos una hora y media y la hora de acostarse por la noche ha vuelto a su horario habitual.

El bebé no quiere echarse la siesta, pero por la tarde está de mal humor: ¿estará listo ?

No, es justo lo contrario. Un niño que está listo para la siesta se mantiene de buen humor todo el día. Un niño gruñón, que se queda dormido en el coche o se derrumba hacia las 16:00, carece de sueño: mantendremos las dos siestas unas semanas más.

¿Cuánto tiempo debe durar la única siesta del día ?

Entre una hora y media y tres horas una vez que se ha acomodado. Las primeras semanas suele dormir menos tiempo; es normal, y acostarla antes lo compensa hasta que empiece a dormir más.

La guardería ha eliminado la siesta de la mañana, ¿qué hacemos ?

Adelantar la hora de acostarse las noches en la guardería y mantener dos siestas en casa los fines de semana si el niño lo necesita. Los niños pequeños toleran bien los diferentes ritmos según el lugar, siempre y cuando cada uno de ellos sea regular.

La última palabra

El paso a una sola siesta no es una etapa que haya que forzar ni temer: se trata de un ajuste natural de la necesidad de dormir, que se produce de forma gradual cuando se desplaza la siesta en lugar de suprimirla, y cuando se compensa acostándose más temprano mientras la nueva siesta se alarga. Unas semanas de flexibilidad y el ritmo se restablecerá por sí solo.

En Maman et Bébé Nature, preferimos guiarnos por las señales del niño antes que por el horario. Una siesta en el momento adecuado, una rutina estable y acostarse más tarde cuando sea necesario: eso es todo lo que el bebé necesita para superar esta transición con tranquilidad.

Este artículo tiene carácter informativo y no sustituye al consejo médico. Los horarios y las duraciones indicados son valores orientativos medios, que deben adaptarse a cada niño. En caso de trastornos del sueño persistentes, despertares nocturnos muy frecuentes o cansancio notable a pesar de seguir un ritmo adecuado, consulte a su médico o pediatra.

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